lunes, mayo 18, 2009

DEL CIELO A LA TIERRA
  • Guillermo Calderón es el dramaturgo del momento, pero su nueva obra decepciona. La sola exhuberancia verbal no es suficiente para dar en el blanco.

Mientras Santiago se despoblaba en enero pasado, nuevamente el festival Teatro a mil llenó ese vacío. Al menos para mí, cada temporada de este encuentro es una inyección cultural y anímica directa a la vena. Junto con traernos una selección de imperdible de obras extranjeras (El Cuarto de Isabella de la compañía belga NeedCompany liderada por Jan Lauwers o Tercer Cuerpo de la compañía argentina Timbre 4 dirigida por Claudio Tolcachir, por nombrar algunas), también nos permite conocer en qué está nuestra dramaturgia nacional joven.

Hace justo dos años (Capital N°204) celebré casi sin reservas Neva: una obra teatral escrita y dirigida por Guillermo Calderón de la compañía Teatro en el Blanco, ganadora del Premio Altazor 2007 y seleccionada por la crítica como la mejor del año 2006.

En la última versión de Teatro a mil, Calderón participó nuevamente al mando del mismo trío que interpretó Neva (Paula Zúñiga, Trinidad González y Jorge Bécker), esta vez con Diciembre, un montaje concebido como la continuación de Neva y que ahora, en la presente temporada, ha sido repuesta en la sal Mori (Constitución 183, F. 7776246).

En Diciembre, Calderón reinstala en escena el manido conflicto territorial chileno-peruano, trasladándonos a la Nochebuena de 2014, cuando unas mellizas intentan inclinar la voluntad del hermano-soldado: una, para que éste no vuelva al frente; y la otra, para que lo haga y así honre el amor patrio; disputa que es entreverada con confusas alusiones a las actuales reivindicaciones mapuches.A diferencia de Neva, Diciembre cae en clichés chovinistas o individualistas, según cual de las mellizas hable, y que, para peor, son vinculados de manera voluntariosa y sin lógica perceptible con la cuestión mapuche.
Calderón declara que ambas obras están relacionadas porque “ver al ejército chileno derrotado y a los mapuches recuperar sus tierras es un sueño de años para muchos en Chile”, pero fue incapaz de sustentar en el escenario su hipótesis y de dar consistencia a su intento de crítica social.
Es tan artificiosa la línea argumental de Diciembre que ni siquiera es capaz de ocultarse tras la exuberancia verbal que caracteriza la obra de este autor y que obnubila a cierta crítica especializada que ve en ella otra prueba de excelencia, confundiendo ésta con exceso o francamente decadencia.

Si no me fui en medio de la función fue para no ser mal educado, pues estaba en la segunda fila, en el extremo opuesto a la salida. También por respeto a Calderón y a su compañía teatral. Siento que esa valoración, me exige, además, no ser complaciente ni sumarme a halagos esta vez inmerecidos, pues en Diciembre claramente triunfó la trivialización sobre la tragedia.

Publicado en Revista Capital N°252 de mayo de 2009 (p. 127).

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